Las brechas de saneamiento continúan siendo uno de los principales desafíos para los gobiernos locales de América Latina. La experiencia desarrollada en el municipio de Cliza demuestra que es posible implementar soluciones adaptadas al territorio, fortalecer las capacidades institucionales y construir un modelo con potencial de replicarse en municipios de distintas escalas.
Cuando el saneamiento deja de ser un problema exclusivamente de infraestructura
En numerosos municipios latinoamericanos, la tasa acelerada de crecimiento poblacional ha superado la capacidad operativa y financiera de los prestadores locales de servicios para garantizar la cobertura de saneamiento. Como consecuencia, aumentan las descargas de aguas residuales sin tratamiento que afectan la salud pública, degradan los ecosistemas y limitan el desarrollo económico local. Resolver esta brecha estructural exige abandonar los modelos obsoletos y aplicar soluciones ágiles y sostenibles que consideren tanto la ingeniería como la gestión de las soluciones implementadas.
Este enfoque combina infraestructura apropiada, fortalecimiento institucional y gestión sostenible del recurso hídrico. Más que construir plantas de tratamiento, el desafío consiste en desarrollar modelos capaces de mantenerse operativos, responder a las condiciones de cada territorio y generar beneficios ambientales y sociales en el largo plazo.
La experiencia desarrollada en Cliza representa un ejemplo de esta visión.
Cliza: un laboratorio para desarrollar soluciones adaptadas al territorio


El municipio de Cliza, con apoyo de Aguatuya y fondos de la Embajada de Suecia en Bolivia, realizó un proceso orientado a fortalecer la gestión de sus aguas residuales mediante la implementación de la Planificación Estratégica de Saneamiento Municipal. Esta herramienta técnica brinda al municipio un rumbo inalterable frente a los ciclos políticos, permitiendo a los actores locales definir una visión compartida a largo plazo y distribuir las responsabilidades necesarias para alcanzarla. Este enfoque orienta las decisiones de inversión y reduce el riesgo de desarrollar infraestructura sin las capacidades técnicas, operativas e institucionales necesarias para garantizar su funcionamiento y sostenibilidad en el largo plazo.
A través de esta planificación se analiza el territorio, se zonifican las cuencas y se definen soluciones precisas para la realidad local. En la etapa de diagnóstico, la aplicación del Diagrama de Flujo de Excretas (SFD, por sus siglas en inglés) resulta fundamental para visualizar la infraestructura existente y los vacíos de cobertura en cada eslabón de la cadena de saneamiento. Sobre esta base analítica, se implementaron plantas de tratamiento de aguas residuales y una planta para tratamiento de lodos fecales, garantizando que todas las obras ejecutadas sean operativas, eficientes y 100% sostenibles en el tiempo. La combinación entre diagnóstico técnico, planificación y fortalecimiento institucional permitió transformar la infraestructura en un servicio sostenible, con resultados medibles y capacidad de mantenerse más allá de la ejecución del proyecto.
De una experiencia local a un modelo replicable
Uno de los mayores aprendizajes de Cliza fue demostrar que las soluciones de saneamiento logran adaptarse a contextos territoriales complejos cuando se fundamentan en la fórmula de Ingeniería + Gestión. A partir de esta base técnica e institucional, el modelo se amplió progresivamente hacia otros municipios.
Entre 2019 y 2026 se implementaron soluciones en Cochabamba, Tarija, Santa Cruz, La Paz y El Alto, incorporando tecnologías de tratamiento de aguas residuales, lodos fecales y recuperación de nutrientes. Estas infraestructuras alcanzaron a más de 170 mil habitantes y permiten gestionar más de 7 millones de metros cúbicos de efluentes cada año. Esta capacidad de escalamiento aporta directamente a las metas de la Agenda 2030, demostrando que las soluciones modulares generan resultados verificables para la resiliencia de los entornos urbanos y periurbanos. La evolución del modelo desde Cliza hacia otros municipios demuestra que la metodología puede adaptarse a distintos contextos territoriales sin perder eficacia. Esta experiencia genera aprendizajes transferibles y evidencia verificable que contribuyen a reducir la incertidumbre en futuras inversiones en saneamiento.
Un aporte al desarrollo sostenible y la innovación científica
El saneamiento genera claros cobeneficios climáticos que trascienden la gestión del agua. Cuando las infraestructuras operan de manera sostenida, protegen los cuerpos de agua, reducen riesgos sanitarios y fortalecen la adaptación comunitaria frente al cambio climático.
Asimismo, la incorporación de principios de economía circular amplía el valor de estas inversiones. En Cliza, la articulación de I+D+i (Investigación, Desarrollo e Innovación) con instituciones científicas como Fundación PROINPA y la academia ha permitido transformar los subproductos del saneamiento en recursos de alto valor. Un resultado tangible es el producto Villacar, un bioinsumo elaborado a partir de lodos fecales tratados que combate eficazmente la fusariosis en cultivos de maíz. Paralelamente, se ha innovado en técnicas de co-compostaje, mezclando residuos orgánicos urbanos con lodos de las PTAR para mejorar la calidad de los suelos degradados. Estos avances se alinean con los compromisos del Acuerdo de París, promoviendo modelos de desarrollo agrícola y urbano compatibles con los ODS.
Mirar el saneamiento como una inversión de largo plazo


La experiencia de Cliza demuestra que el éxito de un proyecto de saneamiento depende de la capacidad para diseñar soluciones basadas en el territorio, fortalecer a las instituciones operadoras y asegurar la sostenibilidad técnica y financiera de los sistemas.
En un contexto donde los municipios enfrentan vulnerabilidades crecientes derivadas del estrés hídrico y el cambio climático, contar con modelos de planificación validados representa una oportunidad para acelerar inversiones climáticas con alto impacto y bajo riesgo de implementación.
El verdadero valor del modelo Cliza
Cliza constituye un ejemplo de cómo una política local se convierte en un referente de adaptación climática para otros municipios. Su evolución muestra que, cuando la ingeniería se integra con la gestión institucional, la adaptación territorial y la sostenibilidad ambiental, es posible construir soluciones capaces de responder a los desafíos actuales del desarrollo.
Más que un caso de éxito, Cliza ofrece una experiencia de la que otros municipios pueden aprender para planificar soluciones de saneamiento acordes con su realidad y con mayores posibilidades de sostenerse en el tiempo. El valor fundamental de este modelo reside en proveer a los gobiernos locales de una metodología probada, fortaleciendo su capacidad para ofrecer servicios de saneamiento seguros, resilientes y completamente integrados a los Objetivos de Desarrollo Sostenible.


