Por Aguatuya | Gestión Integral de Residuos Sólidos | Proyecto Basura Cero, Tarija
Durante los años 2020 y 2022 el Proyecto Basura Cero ejecutado en Tarija no solo intervino en comunidades: también midió con rigor, con transparencia y con un compromiso claro de rendir cuentas sobre cada acción. Los resultados que hoy compartimos son declaraciones y evidencia.
Este artículo resume lo que aprendimos sobre las percepciones ambientales de residuos sólidos y separación en Tarija, y lo que esos datos nos dicen sobre el poder y los límites de la educación ambiental como herramienta de cambio social.
El problema no era solo la basura. Era la invisibilidad del problema.
En 2020, solo el 32% de la población tarijeña calificaba la situación ambiental de su ciudad como «buena». Dos años después, ese indicador había crecido al 38%, pero más revelador que el porcentaje fue el cambio en la percepción del problema principal, la basura pasó de ser mencionada por el 60% de la población en 2020 al 63% en 2022.
Que más personas identifiquen la basura como el principal problema ambiental de su entorno es el primer paso indispensable hacia el cambio. La conciencia del problema precede a la acción.
Lo que encontramos en terreno confirmó algo que la teoría del cambio de comportamiento ya señalaba: no basta informar. Hay que generar capacidades, normas sociales y sobre todo, confianza en que el cambio es posible.
¿Saben los tarijeños a dónde van sus residuos?
Uno de los hallazgos más significativos del estudio fue la brecha en conocimiento entre la población de áreas con intervención directa del proyecto y aquella sin intervención:
- En zonas sin intervención, el 53% de los encuestados no sabía a dónde van sus residuos.
- En zonas con intervención, ese desconocimiento bajó al 40%.
Esta diferencia de 13 puntos porcentuales representa miles de personas que pasaron de la opacidad a la comprensión del ciclo de sus residuos: un indicador directo del impacto de la educación ambiental en la alfabetización ecológica ciudadana.
Sobre el destino final, las cifras también reflejan el trabajo de información realizado: en áreas con intervención, el 43% de la población identificó correctamente el botadero como destino, frente al 34% en zonas sin intervención.
El análisis RANAS: medir el cambio de comportamiento con rigor científico
Para comprender en profundidad los factores que impulsan o frenan la práctica de separación de residuos, aplicamos el marco de análisis RANAS (Riesgo, Actitud, Norma, Autorregulación, Habilidades), un modelo validado internacionalmente para la evaluación del cambio de comportamiento en salud y medio ambiente.
Los resultados comparando a separadores versus no separadores en el área de intervención revelan brechas sistemáticas y contundentes:
Riesgo percibido
El 87% de quienes ya separan sus residuos afirma que no hacerlo implicaría riesgos de enfermedad para su familia, frente al 75% de quienes no separan. A nivel temporal, logramos aumentar el porcentaje de población que vincula la separación con la prevención de enfermedades, lo cual fortalece la motivación intrínseca para adoptar el comportamiento.
Actitud frente a la dificultad
La percepción de que separar es difícil bajó del 70% en 2020 al 64% en 2022. Quienes ya practican la separación puntúan la dificultad en 72/100 (donde 0 es difícil y 100 fácil), mientras los no separadores la perciben en 54/100. La separación no es objetivamente difícil. La percepción de dificultad es, en gran medida, resultado de la falta de práctica y de hábito.
Norma social: la familia como motor del cambio
El 58% de los separadores declara que las personas cercanas a ellos, su familia, los animan a separar, frente al 31% de los no separadores. Las campañas que se dirigen solo al individuo suelen tener menor impacto que las que activan el núcleo familiar como unidad de cambio.
Habilidades y autoeficacia
El 80% de los separadores afirma saber separar correctamente, frente al 45% de los no separadores. La diferencia no está en la inteligencia ni en los recursos, está en haber tenido acceso a información clara, práctica y contextualizada.
Autorregulación: el plan como puente hacia el hábito
El 68% de los separadores reporta haber conversado con su familia sobre un plan de separación, frente al 33% de los no separadores. El 59% de los separadores afirma que separar requiere poco esfuerzo, frente al 32% de los no separadores. Cuando las familias acuerdan cómo van a separar, la práctica se vuelve rutina y el esfuerzo percibido disminuye.
Compromiso: del acuerdo a la acción
El 79% de los separadores se siente comprometido con la práctica, frente al 46% de los no separadores. El compromiso no precede al comportamiento: se construye a partir de él. Cada vez que una persona separa, refuerza su identidad como alguien que cuida su entorno.
Más allá del reciclaje: el componente de género
El Proyecto Basura Cero integró explícitamente una perspectiva de género en su diseño e implementación y los datos lo reflejan.
En relación con el rol reproductivo, el porcentaje de población en desacuerdo con que las mujeres deberían dedicarse más a las tareas domésticas aumentó del 45% en 2020 al 63% en 2022. Este desplazamiento de actitudes es un indicador social de primer orden. La intervención ambiental funcionó también como detonador de reflexión sobre desigualdad de género en el hogar.
En cuanto al rol productivo, el proyecto logró la inclusión e institucionalización del grupo de recicladoras de MARMAT mediante un convenio de trabajo formal con la Empresa Municipal de Aseo de Tarija (EMAT). Este convenio no solo mejoró las condiciones laborales de las mujeres recicladoras, sino que les dio visibilidad institucional y reconocimiento de su aporte en la cadena de gestión de residuos.
Finalmente, en el rol político comunitario, el proyecto capacitó a 46 jóvenes varones y 77 jóvenes mujeres en gestión de residuos, medio ambiente e igualdad, generando las «Brigadas Ambientales Juveniles» junto a la Universidad Domingo Savio.
¿Qué nos dicen estos datos desde una perspectiva ASG?
Desde el enfoque Ambiental, Social y de Gobernanza que guía nuestra gestión institucional, los resultados del estudio en Tarija son relevantes en tres dimensiones:
Dimensión Ambiental: Aumento medible en la práctica de separación en la fuente, reducción del desconocimiento sobre el destino de los residuos y generación de capacidades ciudadanas para la gestión sostenible.
Dimensión Social: Reducción de brechas de género en el ámbito doméstico y comunitario, inclusión de recicladoras en el sistema formal de gestión y formación de brigadas juveniles lideradas mayoritariamente por mujeres.
Dimensión de Gobernanza: Formalización de acuerdos institucionales entre organizaciones de base (MARMAT) y el municipio (EMAT), generación de evidencia robusta mediante metodología validada (RANAS) y rendición de cuentas pública sobre los resultados.
Lo que nos llevamos hacia adelante
Los datos de Tarija 2020–2022 no solo son un informe de fin de proyecto. Son un activo de conocimiento que Aguatuya pone a disposición de municipios, cooperantes, organismos de financiamiento y aliados técnicos interesados en replicar, adaptar o escalar este tipo de intervención.
La evidencia importa. La transparencia importa. Y el impacto real medido, documentado y comunicado con honestidad es la base de cualquier relación de confianza con nuestros aliados estratégicos.
Si tu organización trabaja en gestión de residuos, economía circular, cambio de comportamiento ambiental o desarrollo comunitario, y quieres conocer más sobre nuestra metodología y resultados, escríbenos. Hay mucho por construir juntos.
Aguatuya — Ingeniería y Gestión del Agua para un Futuro Sostenible. Proyecto Basura Cero Tarija fue implementado con el apoyo de Suecia (Sverige), Swisscontact y Helvetas Bolivia.



